A Caperucita nunca se la comió el lobo.
Sólo era una niña a la que le habían advertido de que el mundo era peligroso y tenía que vivir con cuidado. Un día se dió cuenta de que la solución no era esconderse bajo una caperuza, porque vivir con miedo no la iba a proteger de todo. Así fue cómo creció y dejó de lado esta prenda, para vestirse con la piel del lobo que siempre la acompañaba en sus pesadillas. De esta idea nació Lupe, que es mi reinterpretación del cuento de Caperucita Roja, pero en una versión mucho más neon.
Julia Sanjuan © 2025